El tamaño importa: Las corporaciones y las pequeñas empresas en el desarrollo sostenible

English version

En la sesión de apertura de las audiencias de las Naciones Unidas con empresarios y con representantes de la sociedad civil, el coordinador de Social Watch, Roberto Bissio, reivindicó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como expresión de un nuevo paradigma. Para que los ODS fructifiquen se necesita contener el poder de las 200 corporaciones globales, cuyas ventas combinadas son mayores que todo el producto de 180 países. La ONU no debe afectar su imagen asociando sus programas con grandes evasores de impuestos o apoyando asociaciones público-privadas que son excluyentes, no transparentes y muy frecuentemente acusadas de corrupción. Un instrumento jurídico vinculante sobre derechos humanos para las empresas trasnacionales, si bien no es del agrado de los líderes empresariales, podría introducir un marco previsible que en última instancia beneficiará a los pequeños y medianos empresarios que son quienes crean la mayoría de los puestos de trabajo en tiempos de crisis.

Lea la intervención completa aquí, o vea el video aquí o descargue la versión en pdf aquí.

Asamblea General de las Naciones Unidas
“Audiencia informales interactivas con el sector privado sobre la
Tercera Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo”
Palabras de Roberto Bissio
Director Ejecutivo del Instituto del Tercer Mundo y Coordinador de Social Watch
Nueva York, 8 de abril de 2015

Cuando recibí una invitación para participar en esta audiencia de la Asamblea General de la ONU con el sector empresarial mi primera reacción fue devolverla y decir: “La audiencia con la sociedad civil es mañana, me han enviado el formulario equivocado”. Pero al saber que la intención ha sido, precisamente, tener un portavoz de la sociedad civil en la apertura de la audiencia de hoy, y que mañana habrá un portavoz del sector empresarial en la apertura de la audiencia con la sociedad civil, acepté el reto y comencé a preparar mis comentarios. Lo primero, por supuesto, fue definir de qué estamos hablando cuando hablamos de “business”.

Según Peter Drucker, autor de muchos libros sobre gestión,  “Business es fácil de definir: es el dinero de otras personas”.

Eso me hizo sentir mejor, porque las organizaciones de la sociedad civil no tenemos fines de lucro, pero siempre estamos pidiendo dinero a otras personas, incluyendo a las empresas. Así que sabemos un poco sobre eso. Y, si nos ponemos a pensar, los gobiernos también viven del dinero de otras personas, solo que lo llaman impuestos.

Así, la ONU ha reunido a gobiernos, empresas y sociedad civil para discutir durante dos días precisamente eso, cómo utilizar el dinero de otras personas para el desarrollo sostenible.

Las empresas son un actor clave en el desarrollo sostenible. Pero no todas las empresas tienen el mismo rol. Un estudio reciente del Banco Mundial concluyó que “las pequeñas empresas emplean un mayor número de trabajadores y crean más puestos de trabajo en las economías en desarrollo”, mientras que “en los países que han tenido pérdidas netas de empleo en la economía en su conjunto, solo las pequeñas empresas han aumentado el número de puestos de trabajo”. Los pequeños empresarios también se preocupan más por la comunidad y el medio ambiente, por la simple razón que la comunidad y el medio ambiente en el que operan los pequeños y medios empresarios es también el lugar en que viven y crían a sus hijos.

Pero a pesar de las muchas ventajas de las PYMES en el desarrollo sostenible, las reglas de la economía mundial -o la falta de reglas- trabajan a favor de la concentración. De las 100 mayores economías del mundo, 51 son corporaciones. Las ventas combinadas de las 200 corporaciones top son mayores que las economías combinadas de todos los países, menos las nueve potencias más grandes; es decir que superan las economías combinadas de 182 países. Esto es a la vez resultado y causa de las enormes desigualdades dentro y entre los países que los ODS intentan corregir.

En 2013, la Directora General de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan, pronunció un discurso notable en el que declaró: “Los esfuerzos para prevenir las enfermedades no transmisibles van en contra de los intereses comerciales de los operadores económicos más poderosos. En mi opinión, éste es uno de los mayores desafíos que enfrenta la promoción de la salud. (…) No son solo las grandes tabacaleras. La salud pública también debe lidiar con las grandes corporaciones de la alimentación, los refrescos y el alcohol. Todas estas industrias temen la regulación y se protegen utilizando las mismas tácticas. (…) El poder de mercado se traduce fácilmente en poder político. Pocos gobiernos dan prioridad a la salud sobre las grandes empresas”.

Los beneficios que se esperan de una economía de mercado derivan de la competencia. Para que la competencia sea justa, las reglas de juego deben aplicarse a todos por igual. Por este motivo esperamos que la Tercera Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo” (FpD 3) aborde el tema de cómo general competencia desleal los tratados bilaterales de inversión, que dan a las grandes empresas transnacionales la posibilidad de demandar a los gobiernos ante tribunales especiales de arbitraje en Washington, mientras que las PYMES solo tiene acceso a la justicia nacional. Este sistema de solución de controversias entre inversionistas y los Estados no se ha traducido en un aumento de la inversión y, en cambio, se ha abusado tanto de él que ya es hora de revisarlo. La red de más de 3.000 tratados bilaterales y plurilaterales de inversión se ha vuelto tan compleja que solo se puede desenredar a través de un marco de inversión negociado en la ONU.

En segundo lugar, mientras que las empresas nacionales tienen que pagar sus impuestos (y a menudo lo hacen), muchas empresas transnacionales utilizan esquemas de evasión y de elusión fiscal, como leemos a diario en la prensa. El fortalecimiento de la cooperación fiscal internacional es en el interés de las PYMES e incluso podría ayudar a las empresas transnacionales a reparar su dañada imagen.

Mucha gente todavía piensa que “finanzas para el desarrollo” refiere a la “ayuda”, o “la asistencia oficial para el desarrollo” (AOD). Pero la AOD no es el tema principal. Un panel de alto nivel presidido por el ex presidente sudafricano Thabo Mbeki ha demostrado que 50 mil millones de dólares fluyen ilegalmente fuera de África cada año, el doble del total de la AOD recibida por África. Y no son solo los “diamantes de sangre,” las armas y drogas. No. Son las actividades de las empresas transnacionales las responsables por 60% de estos flujos ilegales.  ¡Y eso sin contar las exenciones fiscales legítimas! La cooperación fiscal internacional es el resultado potencial más prometedor de FpD 3 en Addis Ababa.

Los recursos nacionales son importantes en la agenda de FpD 3, pero la ampliación de la base impositiva nacional sin haber asegurado la cooperación fiscal internacional solo puede significar impuestos más pesados sobre el consumo (que no es bueno para los negocios) y las PYMES y los microemprendedores del sector informal, la mayoría de los cuales son mujeres. El resultado puede ser socialmente regresivo.

Además, las “asociaciones” o “partnerships” se discutirán mucho hoy y mañana. Los proclamados beneficios de las asociaciones de múltiples interesados (multistakeholder partnerships) van más allá de los conceptos tradicionales de la responsabilidad social corporativa y la filantropía. Se argumenta que al traer empresas a la implementación de una nueva agenda de desarrollo, se reducirá la brecha de participación en la política internacional, y al hacerlo, se contribuirá a la democratización de la gobernanza global. Pero las asociaciones ya existentes entre organizaciones internacionales y empresas son generalmente excluyentes. Esta colaboración puede crear desventajas a los competidores de las corporaciones, proporcionar a las empresas involucradas una ventaja en términos de imagen y apoyo para lograr acceso a los gobiernos y las compras públicas, en detrimento de las empresas locales.

Aún más peligrosas son las asociaciones público-privadas (APP) que se están promoviendo como el principal canal para la participación empresarial en la nueva agenda, sobre todo -pero no exclusivamente- en infraestructura. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define a las APP como una forma de compras del Estado. Pero es una forma de contratación que por lo general se mantiene en secreto, no está abierta a la licitación pública y, al proponer una solución “compre ahora y pague después” ayuda a eludir las limitaciones presupuestarias y promueve así el gasto irresponsable y, en última instancia, el endeudamiento oculto. No es de extrañar, entonces, que las APP aparezcan una y otra vez estrechamente vinculadas a la corrupción, tanto en los países desarrollados y como en desarrollo. La ONU debería pensar dos veces, o mejor tres veces, antes de poner su reputación en juego, al promover esta modalidad.

En paralelo a la FpD 3, la ONU ha iniciado la negociación de un instrumento jurídicamente vinculante sobre las obligaciones de derechos humanos de las empresas. Esto es en el mejor interés a largo plazo de las PYMES y del funcionamiento de las economías y esperamos que las grandes empresas participen en este proceso.

Peter Drucker dijo una vez que “la gerencia por objetivos funciona si se conocen los objetivos”. Y agregaba que “el noventa por ciento de las veces no los conocemos”. Pero aquí tenemos la ventaja de que sí conocemos los objetivos. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ya son explícitos y comprenden 17 objetivos y 169 metas.

Hay quienes argumentan que la lista es dos veces más larga que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que eran solo ocho. Pero esta comparación es injusta. Los ODM buscaban esencialmente reducir la pobreza en los países más pobres. Los ODS son universales, se aplican a todos los países, tienen como objetivo la erradicación de la pobreza en todas partes y, al mismo tiempo, la reducción de las desigualdades, el logro de la justicia de género, la protección social y el acceso universal a los servicios esenciales (agua, saneamiento, alimentación, educación y salud) para todos, respetando los límites planetarios.

Esto es factible, pero requiere cambios fundamentales en los patrones insostenibles de consumo y producción imperantes. En última instancia, se requiere un importante cambio en los paradigmas. Y también en la manera en que hacemos negocios.

Gracias.

Notas:

También te podría gustar...