ODS 7. La quimera de las soluciones energéticas a favor de los pobres

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Por Arthur Muliro Wapakala
Sociedad para el Desarrollo Internacional (SID)

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Los recientes descubrimientos de hidrocarburos en varios países africanos y las inversiones masivas en capacidad de generación de energía han creado expectativas de que los apagones y las caídas de tensión que varios países africanos han sufrido en los últimos decenios pronto serán cosa del pasado. En África oriental, las economías nacionales también han registrado en los últimos años tasas de crecimiento estelares que prometen nuevas oportunidades y discontinuidad con el pasado.

A pesar de este récord, en su informe Africa Energy Outlook 2014, la Agencia Internacional de la Energía señaló que: “Más de 200 millones de personas en África oriental carecen de electricidad, alrededor del 80% de su población. Etiopía, Kenia y Uganda están entre los países más poblados de África Oriental y tienen las poblaciones más grandes con y sin acceso a la electricidad”.1

Por tanto, la ironía es que, a medida que la región registra las tasas de crecimiento económico más altas del planeta, la mayoría de nuestros conciudadanos permanecen en condiciones de pobreza energética, forzados a depender de fuentes de energía alternativas (en particular, biomasa) para satisfacer sus necesidades energéticas. Los efectos de esta pobreza energética son innumerables y contribuyen significativamente a la persistencia de las desigualdades y la marginación. La prevalencia de la pobreza energética literalmente mata: desde enfermedades respiratorias y dolencias afines resultantes de la inhalación prolongada del humo de la leña y otros gases de los combustibles para cocinar, hasta el deterioro de fármacos y vacunas almacenados a elevadas temperaturas debido a la imposibilidad de una refrigeración constante, por no hablar de otros equipos de salvamento en hospitales y clínicas que sufren daños ya sea por los frecuentes apagones, caídas de tensión o la ausencia de electricidad. Para muchos de los agricultores de la región, las pérdidas postcosecha aumentan la inseguridad alimentaria. Aunque no están directamente relacionadas con la energía, dependen en gran medida de la falta de infraestructuras adecuadas en las zonas rurales, incluyendo la energía.

La pobreza energética también tiene un rostro muy femenino: en la mayoría de los casos, son las mujeres las que tienen que sufrir la indignidad y el dolor físico de recoger leña, a menudo caminando largas distancias para encontrarla y traerla de vuelta a casa, para luego sufrir los efectos debilitantes de cocinar en una nube de humos nocivos debido a la combustión de la leña. Más allá de esto, se pierden millones de horas escolares debido a la falta de iluminación en las escuelas, y la economía sufre cuando se pierden o no se crean puestos de trabajo debido a la falta de energía, por no mencionar los daños que causan las fluctuaciones de energía a la maquinaria sensible.

Ponerse al día sin cambios

Hasta la fecha, son muchas y muy repetidas las conversaciones y aportaciones políticas en torno a la pobreza energética, que favorecen la mentalidad de “ponerse al día”, pero rara vez cuestionan cómo pueden acceder los pobres a servicios energéticos modernos (fiables). Se asume que la prestación de estos servicios a la mayoría de la población que no está conectada a la red no tiene por qué implicar ningún cambio estructural ni exigir la transformación de los planes energéticos nacionales. Básicamente, el hecho de añadir a la red una persona o varios millones se trata con la misma indiferencia. Tal vez aquellos que hablan de sus planes de esta forma son conscientes de que son mucho más propagandísticos que cualquier estrategia transformadora seria.

En 2016, se puso en marcha en cuatro países seleccionados en África Oriental una iniciativa denominada “Energy Futures” (Futuros de la Energía) que pretendía estudiar posibles escenarios futuros para la energía y la forma en que éstos afectarían a la pobreza energética.2 Los resultados de esta iniciativa desafiarán la creencia convencional de que se puede esperar un desarrollo social y económico positivo poco después de que se amplíe la red. Las redes nacionales se están expandiendo, pero de manera desordenada y pero la calidad de la energía que se ofrece todavía deja mucho que desear. Además, el costo de la energía de la red siguen inalcanzable para muchos africanos orientales. Esta es la gran burla que ha acompañado a los programas de electrificación e ignora la realidad emergente de micro y mini redes que están proporcionando energía asequible a las comunidades locales. Estas redes más pequeñas se basan principalmente en fuentes renovables para la generación de energía y ofrecen un paradigma alternativo a los grandes proyectos de generación de energía impulsados por los gobiernos.

Vías alternativas

¿Cuál es, pues, el futuro energético que podemos anticipar para la mayoría de los africanos orientales en las próximas dos o tres décadas? En todos los escenarios que hemos considerado, habrá mejoras cualitativas y cuantitativas, pero el objetivo de eliminar la pobreza energética seguirá sin cumplirse de manera generalizada. El mensaje fundamental es que no se trata tanto de que las tecnologías marquen la diferencia, sino de una cuestión de gobernanza y de cómo decidimos alinear los recursos para hacer frente a los innumerables desafíos que afectan al suministro de energía. Esto concuerda con la afirmación anterior de que lo que se necesita para proporcionar energía fiable y asequible a la mayoría de los africanos orientales es un verdadero modelo de transformación. Tal modelo se comprometería con nuestros modelos de producción propuestos y respetaría los límites que impondrán el cambio climático y otros recursos. Nuestras soluciones tecnológicas favorecerían una matriz energética adecuada a las circunstancias y necesidades de la región y que haga más hincapié en las energías renovables que en los combustibles fósiles. Es posible que los escenarios que hemos preparado nunca lleguen a cumplirse. Sin embargo, constituyen herramientas para explorar vías futuras alternativas con el fin de asegurar que nuestras opciones estratégicas sean más resistentes y más inclusivas que las políticas actuales.

Así pues, ¿cuáles son las posibles vías que deben considerar los responsables políticos? Obviamente, cada país presentará diferentes especificidades. Sin embargo, han de tenerse en cuenta tres elementos generales:

  • En primer lugar, las políticas energéticas deben dar prioridad a las necesidades de la población. En la actualidad, muchas políticas favorecen algún tipo de industrialización, pero parecen estar impulsadas más por un principio de fe (“si lo construyes, vendrán”) que por agendas industriales concretas. Tal vez, la inversión para asegurar que la red llegue al mayor número de personas posible ofrezca un mejor rendimiento a nuestros países.
  • En segundo lugar, las políticas energéticas deben prestar mayor atención al cambio climático y a sus posibles efectos sobre las inversiones y los planes. En este momento, el impacto del cambio climático no es una variable que pueda verse con ligereza, sino que requiere que los países comiencen a prepararse ahora para que sus redes estén preparadas para el futuro, independientemente de lo que nos depare el cambio climático.
  • Por último, es necesario considerar cómo hacer que la energía sea asequible a largo plazo. Esta no es solo una cuestión de qué subvenciones han de considerarse, sino también una forma de diseñar y aplicar sistemas eficientes de generación y distribución de energía.

Bibliografía

Agencia Internacional de la Energía (2014): Africa Energy Outlook. París.
www.iea.org/publications/freepublications/publication/WEO2014_AfricaEnergyOutlook.pdf

Arthur Muliro Wapakala es Subdirector Gerente de la Sociedad para el Desarrollo Internacional (SID), con sede en Nairobi, Kenia.

Notas:

1 Agencia Internacional de la Energía (2014), pág. 32.

2 La iniciativa Energy Futures, dirigida por la Sociedad para el Desarrollo Internacional, se centra en el desarrollo de la energía en Etiopía, Kenia, Tanzania y Uganda. Los escenarios desarrollados como parte de esta iniciativa están programados para ser lanzados en la segunda mitad de 2018.

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